El 12 de agosto de 1806, durante la primera invasión inglesa a Buenos Aires, el entonces joven teniente de caballería Martín Miguel de Güemes protagonizó una de las hazañas más singulares de la historia militar hispanoamericana: la captura de un buque de guerra inglés a caballo.
El Contexto
Las tropas británicas al mando de William Carr Beresford habían tomado la ciudad de Buenos Aires semanas antes. Las fuerzas reconquistadoras, organizadas por Santiago de Liniers, avanzaban desde Retiro hacia la Plaza Mayor para lograr la capitulación de los invasores.
A causa de una violenta sudestada que azotó el Río de la Plata, la corbeta británica Justina (un mercante armado de la Marina Real británica) encalló en un banco de arena cerca del Puerto de la Ensenada / Costa de Retiro, quedando inmovilizada a relativamente poca distancia de la orilla.
La Acción Militar
Santiago de Liniers observó la situación del buque, que amenazaba con sus cañones a las tropas continentales, y ordenó inutilizarlo. Güemes, de 21 años y perteneciente al Regimiento de Fijos de Buenos Aires, recibió la orden de encabezar el ataque junto a un escuadrón de Blandengues.
La carga a través del agua: Güemes y sus hombres avanzaron con sus caballos internándose en el agua hasta que el río les llegó al pecho y al vientre de los animales.
La sorpresa del abordaje: Aprovechando la marea baja y la inclinación de la nave encallada (que impedía a los británicos maniobrar de manera efectiva sus cañones hacia el nivel del agua), los jinetes rodearon la embarcación.
La rendición: Ante la imprevista embestida a caballo desde el mar y la imposibilidad de repeler el ataque con la artillería, el capitán del Justina ordenó arriar la bandera británica y rendir la nave junto a su tripulación y más de un centenar de prisioneros.
Significativa Singularidad
Este episodio pasó a los anales de la historia militar como una de las escasas ocasiones registradas donde una unidad de caballería terrestre logró abordar y capturar un buque de guerra militar. La acción le valió a Güemes el reconocimiento de Liniers y marcó el inicio del renombre heroico del futuro líder de la Guerra Gaucha

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