Deseo hacer 7 observaciones sobre religión, pensamiento liberal, expresiones públicas y privadas. No cabe duda de que era católico; no podía ser otra cosa en la cuna de una familia tradicional, sus primeras letras en Málaga en una escuela confesional y en un ejército bajo estrictas normas religiosas.
Con el avance de las nuevas ideas francesas, José Francisco, gran lector y curioso estudioso (como lo prueba su biblioteca), no podía estar ajeno a los movimientos del país vecino. Estas corrientes van a inspirar sus ideas de libertad-igualdad-fraternidad, lo que no quiere decir convertirse en enemigo de la religión.
Solo que con los años va mirando las cosas de otro modo. Sumando experiencias, las cosas tienen distinto color, pues a todos nos sucede que sobre un tema no mantengamos la misma opinión que cuando teníamos 20 años.
Casi todas las expresiones conocidas y usadas públicamente por San Martin son las pregonadas por las corrientes católicas más ortodoxas, en las que se basan para negar que ha sido posiblemente miembro de la masonería.
La masonería no es enemiga de ninguna religión, ya que su plano de acción es el hombre desde su nacimiento hasta su muerte. Las creencias pertenecen al fuero interno de cada una de las personas como expresiones íntimas de la Divinidad. La masonería inglesa es creyente y hasta trinitaria. La francesa o latina deja librado este tema a cada uno.
Como corresponde a un buen político, sus declaraciones públicas a veces difieren de las privadas, y por eso deben leerse tanto su correspondencia como las memorias de otros.
1)- Su casamiento a toda pompa fue organizado por la familia de su esposa y de acuerdo a los cánones de una familia patricia. San Martin no tenía invitados; había llegado algunos meses atrás, sin vínculos con la sociedad porteña.
2)- La carta de Belgrano de fecha 6 de abril de 1814: “No deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra Generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima”, y “Acuérdese usted que es un general cristiano, apostólico, romano; cele usted de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales se falte el respeto a cuanto diga a nuestra santa religión; tenga presente no sólo a los generales del pueblo de Israel, sino a los de los gentiles, y al gran Julio César, que jamás dejó de invocar a los dioses inmortales, y por sus victorias en Roma se decretaban rogativas”. ¿Por qué darle estos consejos? No le eran necesarios a un hombre creyente dogmático, o en sus charlas privadas Belgrano notó algo que le hizo sentir la necesidad de advertirle sobre su comportamiento.
3)- Sabemos de la poca amistad de la Sra. María Graham, y precisamente por ello es valiosa su opinión en una reunión privada: “Al girar la conversación sobre temas religiosos, conversación en que también tomó parte Zenteno, habló mucho de filosofía. Ambos caballeros parecen creer que la filosofía consiste en dejar la religión a los sacerdotes y al vulgo, y que los sabios deben reírse igualmente de frailes, protestantes y deístas". Esto da otra visión sobre el tema.
4)- Su máxima “Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones” puede hoy no llamar la atención, pero para la sociedad de 1825 es una novedad incorporar este punto. La única religión verdadera era la Católica Apostólica Romana, aunque se le quiera dar una interpretación moderna sacándola del contexto histórico. Ver carta a Guido dónde le pregunta sobre la situación de la religión.
En una carta del 06 de diciembre de 1832 desde París le dice a su amigo Guido:
"Dígame usted con franqueza a qué grado se halla en nuestra Patria la tolerancia religiosa, pues por los rumores que corren parece la cosa no anda muy segura. Viva la Patria."
El 27 de marzo de 1833, Guido le responde:
"Me pregunta usted cómo estamos de tolerancia religiosa (...) Muy mal mí amigo. Hemos tenido quemados, matrimonios deshechos entre protestantes y católicos y otras mil maravillas" (*)
(*) Ref. DASM Tomo VI, Pag.575.
5)- No existe, hasta el momento, o no las he encontrado , referencias al casamiento religioso de Mercedes, tal cual surge de las memorias de los hermanos Miguel y José María de la Barra, testigos de casamiento del civil, íntimos de San Martin e invitados a la ceremonia y banquete. Dice: “En cuanto a la iglesia, nos observó el general que en atención a la excesiva cortedad de su hijita sería mejor le dejásemos ir solo con ellos para evitar el embarazo que podía causarle nuestra presencia". "En la noche nos reunimos en casa de Grignon (un restaurante) con el general a un convite a comer que nos dio a nombre de los novios, informándonos que éstos habían partido de la misma iglesia para el campo donde se proponían pasar la luna de miel".
Uno se pregunta, fue solo a la iglesia con los novios; éstos partieron de la iglesia al campo, no fueron a su propia fiesta. No fue embarazoso para la ceremonia civil. ¿Y cuál iglesia?
6)- Su testamento en una redacción no convencional: “En el Nombre de Dios Todopoderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente”. No utiliza las formulas tradicionales y advocaciones católicas de rigor para los usos y costumbres de la época.
7)- La cuarta cláusula de su testamento dice: “Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”. Aclara: “Ningún género de funeral, y desde el lugar en que falleciere (su casa) se me conducirá directamente al cementerio”, lo que no fue respetado por su hija, que realizó un sencillo funeral y el féretro de San Martín fue llevado a una bóveda de la catedral de Boulogne-sur-Mer (no al cementerio, desoyéndolo, cosas de la familia). Su voluntad de descansar en suelo argentino se cumpliría 30 años después, cuando sus restos fueron repatriados y depositados en el mausoleo construido en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires (no en el cementerio), donde todavía reposan.
De todo ello se desprende que era un hombre libre intelectualmente.
Parte del clero acompañó a San Martin, sobre todo el bajo, mientras que el alto siguió el status quo realista y de la Santa Sede.
Fue respetuoso de las tradiciones y de valores morales fuertes.
Sus expresiones públicas, tenían objetivos políticos que no podían estar en contra de las costumbres de una sociedad analfabeta, ignorante, que era fácilmente sugestionable e influenciable y que formaba la masa popular que debía orientar. El otro pensamiento quedaba para la intimidad.
El conflicto histórico no es religión y masonería, sino clero o cualquier ideología de pensamiento único y eso incluye a la misma masonería.
Fuente: Miguel Ángel Martínez

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