TRANSCRICIÓN COMPLETE DEL ACTA INGAUGURAL DEL CONGRESO DE 1816
CONGRESO NACIONAL DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA PLATA 1816
SESION DEL 24 DE MARZO
SUMARIO — Instalación del Congreso en Tucumán. — Descripción del acto. — Nombramiento de Presidente Provisorio. — Juramento de los Diputados. — Decreto del Congreso declarándose instalado legítimamente. — Nombramiento de Secretarios. — Se declara que el tratamiento del Congreso debe ser el de Soberano Señor. — Se fija la fórmula del reconocimiento del Congreso.
El Congreso Soberano de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la esperanza de los pueblos libres, que es en el día el interesante objeto de la expectación común, se ha instalado al fin en la benemérita ciudad de San Miguel del Tucumán del modo que permiten las críticas circunstancias, á que nos han reducido los contrastes é infortunios de una guerra obstinada, el día 24 del mes de Marzo, y publicado solemnemente su instalación el 25 de este presente año de 1816.
Se cree no haya faltado cosa alguna sustancial para su celebridad. Amaneció el día 24, y al romper el alba, una salva de 21 cañonazos anunció al público su instalación próxima, y ella sola anticipó el placer y universal regocijo de los habitantes de este generoso pueblo, que se prestó desde este momento á solemnizar un acto que hará época en sus fastos, y recomendable su memoria en los de toda la América.
A las 9 de la mañana se reunieron los Sres. Diputados en la casa congresal, y de allí se dirigieron en cuerpo al templo de San Francisco, donde asistieron á la misa del Espíritu Santo, que se cantó para implorar sus divinas luces y auxilios, protestando en secreto el deseo de acertar en sus deliberaciones.
Concluida, se trasladaron á la casa del Congreso, donde el ciudadano Presidente Dr. Pedro Medrano, elegido provisionalmente para estos primeros actos, después de haber prestado juramento en manos del mas anciano de la corporación, en presencia del pueblo, recibió el de todos los Sres. Diputados, que lo hicieron de conservar y defender la Religión Católica, Apostólica y Romana, promover todos los medios de conservar íntegro el territorio de las Provincias Unidas contra toda invasión enemiga, y desempeñar los demás cargos anexos á su alto empleo.
Se hacía preciso publicar la erección gloriosa de este respetable cuerpo de un modo digno de su representación, y todo se efectuó el 25 siguiente. Se reunió la corporación en la sala del Congreso á la misma hora que el día anterior, y cuando advirtió ser tiempo de proceder á sus actos, se dirigió por segunda vez á la Iglesia de San Francisco precedida del Gobernador Intendente y Municipalidad, del clero secular y regular, y de la nobleza principal del pueblo, por medio de la división militar, que bajo las órdenes de su digno Comandante el Teniente Coronel D. Silvestre Álvarez se extendió en dos alas desde la casa congresal hasta el templo, y de las milicias de la campaña, que habían concurrido á protestar su reconocimiento á la autoridad constituida, y acompañada de un inmenso pueblo que en vivas y aclamaciones explicaba bastante claramente las dulces emociones que causaba en el corazón de todos los ciudadanos un acontecimiento capaz él solo de borrar los tristes efectos de las pasadas desgracias, y dar nueva vida á nuestras esperanzas.
Luego que tomó su preferente lugar el Soberano Congreso, y en seguida todas las corporaciones, se cantó la misa de acción de gracias al Dios de la Patria, Soberano Autor de tanto bien, y se dijo una oración sagrada por el ciudadano Dr. Manuel Antonio Acevedo, representante de la ciudad de Catamarca, y se concluyó esta solemne función con el cántico Te-Deum laudamus, que excitó la gratitud y ternura del pueblo, espectador devoto de esta augusta ceremonia.
El Soberano Congreso se trasladó inmediatamente con el mismo orden á la sala congresal, acompañado de todas las corporaciones, que prestaron luego el juramento de estilo á presencia de todos los concurrentes, habiendo precedido á este acto de reconocimiento una arenga con que felicitó al pueblo el ciudadano Presidente del modo mas expresivo.
Concluidas las iluminaciones públicas que á competencia se excedió este ilustre vecindario, dieron testimonio de su gozo, y no se echaron menos mil circunstancias, que felizmente se agolpan en los grandes sucesos, y que fueron una prueba nada equívoca de la sinceridad de sus sentimientos.
Se ha deseado vivamente para la instalación del Soberano Congreso la reunión de los representantes de todos los pueblos de la comprensión de las Provincias Unidas; y habrían concurrido efectivamente, si libres de aquellas del opresor de sus justos derechos, hubieran podido elegirlos. Pero los que se han reunido, y que componen las dos terceras partes de los nombrados, han querido instalarlo sin pérdida de momentos, así para ocurrir del modo que esté á sus alcances á los inminentes males que amenaza el retardarlo, como para llenar los votos de los pueblos libres, que miran en el Congreso que los representa el único asilo que les queda, la única sagrada ánchora de que asirse en el naufragio, en que ven expuesta su libertad, y el interés común de salvarse á toda costa.
No han podido pues desentenderse del clamor universal de los pueblos que dignamente representan, viendo armada la negra tempestad que va á descargar sobre ellos con mano sacrílega el rival de su felicidad, y se han determinado absolutamente á no defraudar sus esperanzas, presentando á la faz de las provincias una autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones, y calma los recelos que inspiraban necesariamente unos gobiernos que jamás concentraron de un modo digno el poder y la voluntad general de los que debían prestarle sumisión y respeto.
Si ellos fueron instalados á impulso de la necesidad, y en fuerza de los contrastes, éstos y aquella han estrechado mas y mas los deberes de la patria, hasta obligarla á apurar los últimos recursos para fijar la rueda de su fortuna, dando principio por la reunión legítima de los dignos representantes de los pueblos, que sacrificarán sus luces, la actividad de su celo y todos sus cuidados en obsequio de ella misma.
Es decir, pues, que está erigido el Tribunal de la Nación con la investidura del derecho sagrado que proviene de la cesión que cada persona, cada familia, cada pueblo ha hecho de una porción del uso de sus derechos, revestido de una fuerza compuesta del agregado de la fuerza de los miembros que la han cedido, y que reúne y concentra en sí la voluntad general formada de las voluntades particulares, á manera de una luz viva que se enciende por la unión de muchos rayos que se dirigen á un centro.
Y si es ajustada la idea del sabio Fontenelle, cuando dice, que la fuerza de los individuos de una Nación ordenada á cierto punto forma todo el carácter y fondo de un Soberano; hé aquí la representación que reviste el Congreso Nacional, que ha erigido la patria, y que por tanto exige de todos la general deferencia á los medios que adopte, ó inspire para salvarla, si es que su misma instalación no es el medio principal y quizá único para realizar tan importante objeto.
Sí: el medio único y principal. Es forzoso persuadirse de una verdad, que es un dogma político dictado por la razón, y sancionado por la experiencia. Divididas las provincias, desunidos los pueblos, y aun los mismos ciudadanos por unos principios que, si no es difícil analizar, es un deber político ocultar bajo el velo de un silencio religioso, rotos los lazos de la unión social, inutilizados los resortes todos para mover la máquina, que dió algunos pasos hacia nuestra libertad, pero retrogradó sucesivamente al impulso de las pasiones, minada la opinión pública, erigidos los gobiernos sobre bases débiles y viciosas, chocados entre sí los intereses comunes y particulares de los pueblos, negándose alguno al reconocimiento de una autoridad común que fijase sus deberes, y terminase de un modo imponente sus querellas, diametral oposición á opiniones, convertidos en dogmas los principios mas distantes del bien común, enervadas las fuerzas del Estado, agotadas las fuentes de la pública prosperidad, paralizados los arbitrios para darles un curso conveniente, pujante en gran parte el vicio, y extinguidas las virtudes sociales, ó por no conocidas, ó por irreconciliables con el sistema de una libertad mal entendida, conducidos en fin los pueblos por unos senderos extraños, pero análogos á tan funestos principios, á una espantosa anarquía, mal reato digno de temerse en el curso de una revolución iniciada sin meditados planes, sin cálculo en sus progresos, y sin una prudente previsión de sus fines; ¿qué dique mas poderoso podía oponerse á este torrente de males políticos que amenazaban absorber la patria, y sepultarla en sus ruinas, que la instalación de un gobierno, que salvase la unidad de las provincias, conciliase su voluntad, y reuniese los votos, concentrando en sí el poder?
A este único recurso han apelado los reinos, las repúblicas, los pueblos del orbe conocido, cualesquiera que haya sido el carácter de su gobierno político, en los momentos de una división, que iba á destruir las bases de su existencia.
¡Pueblos de las Provincias Unidas! Vosotros habéis aclamado mas de una vez este único puerto de salvación en la inminencia de nuestros riesgos…
[continúa el texto con la misma exposición política, exhortando a la unión de las provincias, la consolidación del Congreso y el establecimiento de un gobierno común, hasta concluir con:]
DECRETO
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| D. José Mariano Serrano |
Comuníquese á quienes corresponda para su publicación.
Se ordenó inmediatamente se hiciera entender esta determinación al Poder Ejecutivo, Generales del ejército, Jefes de provincia, con inserción de ambos decretos y fórmula del juramento que debían prestar, y es el siguiente:


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